martes 8 de diciembre de 2009

The hardest part



El otro día vi cómo estabas tumbado en la cama. Te veía tan de cerca, te oía moverte, abrazar al oso que te regalé y casi cómo respirabas si ponía mucha atención.

Entonces fue cuando intenté acariciarte.

Pero no pude, mi mano se topó con la pantalla de mi ordenador.
Una lágrima me cayó por la mejilla, como si fuera a cambiar la situación si lo deseaba con mucha fuerza. Nada... la pantalla seguía dura, implacable ante mis dedos temblorosos, mi necesidad desesperada.

Así, cada día que paso sin ti se hace más duro que el anterior, aunque signifique que queda un día menos para verte. Cuanto más cerca estoy más lento pasan los segundos, más agónico se hace verte, escucharte y no poder hacer nada.

Gracias a la tecnología puedo, aunque no estés a mi lado, verte mientras duermes, mientras estudias o mientras comes. Podemos ver una película a la vez e ir comentándola. Pero... ¿por qué no puedo rozarte? ¿Qué líneas tengo que compilar para olerte? ¿Qué me descargo para sentir tus labios en mi frente antes de dormir?

Sin embargo... la única certeza de la que dispongo es lo que siento por ti y tú sientes por mí. Por alguna extraña magia, soy capaz de sentir lo que tú sientes por dentro. Estoy segura de lo que es tanto como lo estoy de mí misma. Y eso me ayuda a querer seguir esperando, aguantando a base de promesas de un futuro mejor. Lo habrá si así lo queremos.

Sé que no te ha tocado amar a una persona que se la ame de forma fácil, sé que todo esto es difícil. Pero precisamente el pasar todo esto es lo que nos fortalece cuando nos vemos. Por muy lento que se haga, el tiempo pasa irremediablemente, y otra certeza que atesoro en mi corazón es que llegará el día, aun tardío, en el que vuelva a sentirte.

2 comentarios:

Luca dijo...

Lo importante es que a cada segundo que pasa la distancia entre nuestros cuerpos se hace más pequeña. Cada dia que superamos, al irnos a dormir nos vamos solamente con el pensamiento de que queda un dia menos para volver a encontrarnos.
La ilusión que nos hace el simple hecho de cambiar dinero, imprimir un folio de embarque o mirar precios de vuelos es impresionante.

Estamos lejos, no podemos tocarnos, besarnos ni abrazarnos, pero juntos nos vamos intentando apoyar el uno en el otro, buscar la mejor manera de llevar las cosas y... la simple razón de saber dentro de nuestro pecho que es lo que esta sintiendo el otro en cada preciso instante es un vínculo que miles de kilómetros no han conseguido romper en absoluto. Esa conexión está por encima de todo y de todos y al final, aguantando, lograremos estar juntos, pegados el uno al otro, riendo, abrazando y susurrando.

En 6 dias no habrá altavoz ni pantalla de ordenador, seremos tu y yo otra vez, y pagaría los años que hicieran falta por solo una semana de las nuestras ^^

Arcana Mundi dijo...

Estimada señorita:
Puesto que ambos compartimos la misma atracción por la obra del genial autor alemán Michael Ende; Momo, es mi ilusión invitarla a leer mi humilde ensayo acerca del libro en cuestión, ejercicio que se prolongará a lo largo de varias semanas y que iré publicando en mi humilde blog.
Espero que sea de su agrado este viaje, que lejos de ser únicamente expositivo también intentará ser interpretativo. Sobra decir que sus aportes enriquecerán esta sencilla labor de crítica literaria.