Estudiar en otro país, aprender otro idioma, vivir solo, poder hacer lo que quieras... fiestas por doquier.
Pero todo eso no es irte de erasmus.
Es aprender a sacarte las castañas del fuego. Aprender el idioma sí o sí y practicarlo o practicar otros que conozcas para poder continuar en el día a día. Es conocer decenas de sitios y de caras nuevas. Llenarte de experiencias, buenas o malas, y madurar un poquito más.
Esto ya se acerca un poco más a lo que está siendo mi experiencia, pero aún hay más. Que mes y medio da para bastante.
Irte a vivir a otro país, a un piso con más gente que conoces de poco o de nada, significa tener que aprender a llevarte bien con todo el mundo. Es darte cuenta de que las madres en el fondo son de una raza de superheroínas, que son capaces de hacerlo todo y más, sin que se les vaya la sonrisa nunca (al menos la mía es así). Ver que, aunque tus padres no te van a dejar pasar hambre y te darán el dinero que necesites, estás agobiada porque los primeros meses no haces más que gastar y gastar en cosas del piso. Aprender a descifrar una factura de la luz.
Sorprenderte de que cocinar no te resulta complicado. Que las lentejas y la paella no sólo son comestibles cuando las haces por primera vez, sino que además están muy ricas. Ir al súper y fijarte en esos maravillosos cartelitos amarillos y rojos en los que pone Oferta. Y sobre todo, estando en Roma, ponerte la regla de no comer pasta o pizza más de una vez a la semana.
De momento esto ha sido todo lo que he vivido. Para no haber salido de casa en mis 23 años, me ha gustado mucho ver que me desenvuelvo bien, que estar sola no es el fin del mundo. Este verano pasado he viajado mucho, y mi tía me enseñó a tragarme un poco los nervios, a no alterarme cuando las cosas no salen según lo planeado... sí, y sobre todo a no planificar cada segundo de mi vida.
Aprender no siempre es sencillo, de hecho, en la vida se aprende a base de tropiezos. Pero cuando miras atrás, se agradece.
Y gracias a esa maravilla denominada Red de Redes, o Internet, sabes que tienes a tu familia y a tus amigos de siempre a golpe de click.
Pero claro, aquí viene tu primera videoconferencia... y vuelves a ver tu casa, a tu familia, que creías que no echabas tanto de menos. Es como si estuvieras de nuevo sentada en tu mesa del comedor, o en el despacho de tu madre. Viendo las mismas cosas de todos los días, que tan repetidas tenías, y las echas tanto de menos...
Porque no hay nada como estar en casa, nada como salir y saber que tienes a la gente a, como mucho, 10 minutos de distancia en coche. Pero sé que cuando vuelva me van a estar esperando, que me echan de menos como yo a ellos, y que cuando vuelva los abrazaré uno por uno, hasta que se cansen de mí. La osica seguirá siendo osica aun en el fin del mundo, aunque sea hora de seguir creciendo.
Nos vemos en nada, os quiero mucho a todos :D
Pero todo eso no es irte de erasmus.
Es aprender a sacarte las castañas del fuego. Aprender el idioma sí o sí y practicarlo o practicar otros que conozcas para poder continuar en el día a día. Es conocer decenas de sitios y de caras nuevas. Llenarte de experiencias, buenas o malas, y madurar un poquito más.
Esto ya se acerca un poco más a lo que está siendo mi experiencia, pero aún hay más. Que mes y medio da para bastante.
Irte a vivir a otro país, a un piso con más gente que conoces de poco o de nada, significa tener que aprender a llevarte bien con todo el mundo. Es darte cuenta de que las madres en el fondo son de una raza de superheroínas, que son capaces de hacerlo todo y más, sin que se les vaya la sonrisa nunca (al menos la mía es así). Ver que, aunque tus padres no te van a dejar pasar hambre y te darán el dinero que necesites, estás agobiada porque los primeros meses no haces más que gastar y gastar en cosas del piso. Aprender a descifrar una factura de la luz.
Sorprenderte de que cocinar no te resulta complicado. Que las lentejas y la paella no sólo son comestibles cuando las haces por primera vez, sino que además están muy ricas. Ir al súper y fijarte en esos maravillosos cartelitos amarillos y rojos en los que pone Oferta. Y sobre todo, estando en Roma, ponerte la regla de no comer pasta o pizza más de una vez a la semana.
De momento esto ha sido todo lo que he vivido. Para no haber salido de casa en mis 23 años, me ha gustado mucho ver que me desenvuelvo bien, que estar sola no es el fin del mundo. Este verano pasado he viajado mucho, y mi tía me enseñó a tragarme un poco los nervios, a no alterarme cuando las cosas no salen según lo planeado... sí, y sobre todo a no planificar cada segundo de mi vida.
Aprender no siempre es sencillo, de hecho, en la vida se aprende a base de tropiezos. Pero cuando miras atrás, se agradece.
Y gracias a esa maravilla denominada Red de Redes, o Internet, sabes que tienes a tu familia y a tus amigos de siempre a golpe de click.
Pero claro, aquí viene tu primera videoconferencia... y vuelves a ver tu casa, a tu familia, que creías que no echabas tanto de menos. Es como si estuvieras de nuevo sentada en tu mesa del comedor, o en el despacho de tu madre. Viendo las mismas cosas de todos los días, que tan repetidas tenías, y las echas tanto de menos...
Porque no hay nada como estar en casa, nada como salir y saber que tienes a la gente a, como mucho, 10 minutos de distancia en coche. Pero sé que cuando vuelva me van a estar esperando, que me echan de menos como yo a ellos, y que cuando vuelva los abrazaré uno por uno, hasta que se cansen de mí. La osica seguirá siendo osica aun en el fin del mundo, aunque sea hora de seguir creciendo.
Nos vemos en nada, os quiero mucho a todos :D

